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El cucurucho del Turimiquire

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Ernesto Hontoria López A las 6 de la mañana comenzamos el camino. El ascenso resultó lento por lo abrupto del terreno y lo resbaloso de algunos tramos. Pasada la primera loma, se sube todo el tiempo por la fila de la montaña. El trayecto transcurre entre maleza (a veces alta, otras baja y siempre raspante) y abismos. A diferencia del Ávila, los senderos no están marcados, se van abriendo al andar. Al sobrepasar los 1.600 metros de altura se pueden apreciar otros cuatro ramales de la montaña, que van confluyendo en diferentes puntos de la fila por la que andamos. Todos de extrema estrechez en la cima; tan delgados que, en algunos tramos, tendrán a lo sumo un pie de ancho. Nos tocó pasar un par de ellos con la vista clavada al frente para no sentir vértigo. ¡Son trechos emocionantes en una cordillera imponente que regala una vista fascinante al excursionista! Caminamos unas seis horas y media hasta llegar a una suerte de cuenca en cuyo fondo se escondían unas pozas no mayor...

Ascenso al Turimiquire

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Aprovechando que el feriado del primero de mayo, viajamos a Cocollar para completar un desfío que tenía desde niño: subir al Turimiquire. Ya en ese entonces sabía que me quedaba poco tiempo en Venezuela y tenía que saborear sus paisajes al máximo. Más de diez años han pasado desde entonces y recurro a las fotos para apaciguar la nostalgía. ¡Cómo se extraña el terruño y a esos buenos amigos que lo caminaron con nosotros! ¿Qué habrá sido de la vida de Douglas y Edgar. los muchachos que nos guiaron ese día montaña arriba? Ernesto

Ajedrez en Cocollar

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Ernest o Hontoria López Dos niños jugando ajedrez en una esquina de Cocollar Desde que llegué a Puerto La Cruz, hace más de 6 años, tenía entre mis metas subir al cerro del Turimiquire, el pico más alto de la Cordillera de la Costa Oriental (2.596 m); casi tan alto como el pico Naiquatá en el Ávila. El nacimiento de mis dos chamos había enfriado los planes (los hijos tienen una capacidad mágica para alterar nuestras prioridades); sin embargo, una coyuntura reciente me hizo desempolvar el proyecto. El primer paso era convencer a un par de incautos para que me acompañaran en el proyecto. No fue difícil lograrlo. Un tercer amigo nos bajó unas fotos de Internet, que mostraban una topografía “papita” de la montaña, con lomas redondeadas y caminos poco empinados; extrajimos del relato de Humboldt algunos datos de interés y copiamos un plano de la zona, en las oficinas de la antigua Cartografía Nacional. Todo señalaba a Cocollar como punto de partida. Cocollar es un pueblo peque...