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El faro de La Borracha

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Ernesto Hontoria López Faro de la Borracha (Cima de la colina de la isla) De izquierda a derecho de la foto: Lictor Torres, Ernesto Hontoria y Arturo Zea (Foto: Tomás Linares) Habíamos comenzado el ascenso faltando pocos minutos para las 10 de la mañana. Sin embargo, en mi caso, la excursión había comenzado a las siete cuando salí remando en kayak desde los canales. Casi dos horas después nos reunimos todos en la ensenada del Guaro y nos alistamos para la aventura. Caminamos los cuatro en fila india buscando claros en la montaña para escapar de los desagradables pinchazos y rasguños que nos causaban las púas   del bosque xerofítico que estábamos atravesando. Ya habían pasado las once de la mañana y el calor arreciaba. Sobre nuestras cabezas un gavilán volaba en círculos emitiendo chillidos agudos al mejor estilo de una película de vaqueros (de las viejas, en las que una agonizante vaquero atraviesa el desierto, no como en las más recientes en las que los protagonis...

La Llovizna

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  Ernesto Hontoria López En 2001, con mi esposa embarazada de nuestro primer hijo, tocamos La Llovizna, famosa cascada del rio Caroní, muy cerca de su confluencia con el Orinoco, a la altura de San Félix. Ya la habíamos visto de cerca varias veces antes, desde el parque que lleva su nombre, en diferentes viajes a Puerto Ordaz, para los cruces a nado del Orinoco y el Caroní. El parque La Llovizna, por su encanto, es parada obligada cuando uno visita la zona. Lo que no es tan sencillo es poder ver la cascada desde el agua misma, llegar a sentir el golpe de esta al caer sobre la proa del kayak y al rocío empaparte tan de cerca. Remar en La Llovizna fue una experiencia completamente nueva, diría yo que, de privilegiados, porque así nos sentimos ese día en que Edgar nos llevó a remar en el parque. La oportunidad se nos presentó en el mes de junio o julio, no recuerdo ya con precisión. Fue hace 19 años. No teníamos mucho tiempo de habernos mudado a vivir a Puerto La Cruz, cuando reci...

Roraima 2000

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No mantengo registro escrito de los detalles de esta excursión y después de 26 años, la memoria falla y rellena los vacíos con recuerdos distorsionados por el tiempo que pudiesen o no pertenecer a esta aventura o alguna de similar naturaleza. De manera que para evitar propagar errores voy a mantener un relato escueto y compartir las fotos que el álbum ha mantenido, dos de ellas restauradas por la inteligencia artificial. Este viaje al Roraima ocurrió en diciembre de 2000, aunque Federica me porfía que fue en 1999. La dinámica fue similar a la de la excursión anterior al Roraima , en 1998, en la que viajamos de un tirón hasta un hotel en las cercanías al fuerte Luepa, y de allí, al día siguiente, emprendimos el camino hasta Paraitepuy, donde dejamos la camioneta y comenzamos la ruta a pie. Como en el viaje anterior, caminamos el primer día hasta el campamento en el río Tek donde montamos la carpa para pasar la noche. Al día siguiente cruzamos el río para trepar al Roraima. También a...

El Roraima y la maldición de John

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¿ Han oído hablar sobre la maldición de John? O currió en diciembre de 1998 en el Roraima. Fue la primera vez que lo subí. Ya había subido antes al   Kukenán   , pero nunca al Roraima. Ambas excursiones se parecen. Los tepuyes están uno al lado del otro, son de altura similar, pero cada excursión es una experiencia única. En ambos casos partimos desde Caracas en un solo vehículo y rodamos los casi mil doscientos kilómetros en un solo día hasta llegar a la entrada de la Gran Sabana. Cerca del fuerte Luepa pasamos la noche en un hotelito de carretera antes de continuar nuestro camino a Paraitepuy al día siguiente. En esta ocasión fuimos Ricardo, su esposa Camila, Gabriel y yo. Distribuyendo el peso de los morrales Cuando llegamos a Paraitepuy, el pueblo no estaba de fiesta, como la vez que subí al Kukenán, que un matrimonio los había emparrandado a todos. Esta vez si habían guias en pie dispuestos a acompañarnos y creo que ya se había formalizado la obligatoriedad de contra...

Kukenán

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Kukenán En diciembre de 1992 subimos al Kukenán. Creo que fue la última excursión que realicé con Jesús Otero, que para ese entonces ya no era mi entrenador de natación en el Loyola Master. Me lo encontré un día caminando por Bello Campo, en Caracas, ambos vivíamos en las cercanías, y me contó que estaba planificando una excursión al tepuy para llevar a una amiga alemana que estaba de visita en Venezuela. La idea me entusiasmó. Sólo había estado una vez en la Gran Sabana, en un recorrido que hice en carro con unos amigos y había quedado impresionado con sus paisajes. Había visto los tepuyes desde la carretera y la propuesta de subir a cualquiera de ellos simplemente era lo máximo. A mi mamá en cambio casi le da un soponcio cuando le conté que me iba tan lejos y que además iría con Jaheli, mi novia de aquel tiempo, que no era precisamente santa de su devoción. Se nos unió también a la excursión un sueco de nombre difícil de pronunciar, que por hacernos la vida fácil llamábamos Juancit...